Clasificación climática

A lo largo de los años han surgido numerosos métodos para clasificar los climas del planeta Tierra. En función de la precipitación, la humedad, incluso la vegetación…

Basar la clasificación en un solo parámetro es un grave error, ya que por ejemplo, tomando la humedad de un clima concreto, podríamos clasificar como iguales el ártico y el ecuador.

Un sistema bastante usado es el llamado, de Köppen. Dicho sistema relaciona la humedad y la temperatura, para clasificar los distintos climas de forma bastante eficiente.

Entonces pues, tenemos dos variables, cada una con distintos grados arbitrarios. Para la humedad tenemos (de menos a más húmedo): S, W, f, m, w, s. Para la temperatura (de mayor a menor): A, B, C, D, E.

La combinación de ambas letras es lo que nos permite clasificar los climas. Así pues el Mediterráneo sería Csa (siempre se pone primero la letra referente a la temperatura). También existen distinciones entre climas muy parecidos pero con ligeras diferencias. Suele añadirse, en estos casos, una letra extra empezando con la a minúscula, y siguiendo el abecedario. Ya hemos visto en el propio ejemplo que el mediterráneo lleva una letra a extra.

Mapa de la clasificación climática de Köppen

Comentar como curiosidad que, a priori podría creerse que el sol es el único responsable del clima, y en parte así es. Es prácticamente la única fuente de energía de la que dispone la Tierra (salvo su calor interno, mayoritariamente), pero la distribución del clima no es uniforme aunque lógicamente su temperatura varía con la latitud. Las corrientes marinas, la distribución irregular de la tierra y los océanos, son factores que influyen enormemente en la diferencia entre climas.

Las grandes masas de agua, debido al elevado calor latente del agua, amortiguan las variaciones de temperatura tanto a largo como a corto plazo. Es extraño ver que haya hielo en zonas costeras de latitudes medias o próximas al ecuador. Por otro lado son, lógicamente, una fuente de humedad que afectan a la sensación térmica.

La altitud respecto al nivel del mar también es un factor muy clave. Se tiene constancia que, por norma general, cada 100 metros que ganemos la temperatura desciende unos 0,98 grados. La humedad del aire es muy importante, por esto que este valor puede variar, aunque siempre a menor. Esto es así ya que para ese cambio de temperatura, llamado gradiente adiabático, se ha supuesto la ausencia total de humedad. Como ya hemos comentado, la humedad dificulta los cambios de temperatura, por lo que el gradiente real sería un valor comprendido entre el 0 (teórico, claro) y el 0,98 grados kelvin o celsius cada 100 metros.

Entonces, puede haber climas fríos en latitudes que se consideran cálidas. De ahí nace la llamada, alta montaña o clima alpino, ya que la latitud no es el único factor a tener en cuenta.

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